Pink Floyd y la arquitectura

Actualizado: 4 ago
Por qué algunas obras permanecen mientras otras solo siguen una tendencia.
Hay obras que parecen pertenecer únicamente a la época en la que fueron creadas. Y hay otras que, incluso después de varias décadas, siguen teniendo la capacidad de emocionar.
Han pasado más de cincuenta años desde que Pink Floyd grabó The Dark Side of the Moon. Desde entonces se han producido miles de discos. Algunos fueron un éxito durante unos meses. Otros marcaron a toda una generación y después quedaron en el olvido. Sin embargo, The Dark Side of the Moon sigue descubriéndose por nuevos oyentes y continúa siendo uno de los discos más vendidos de la historia.
Eso siempre me ha hecho pensar: ¿qué hace que una obra siga teniendo valor cuando el tiempo pasa y las tendencias cambian? Durante mucho tiempo pensé que esa era una pregunta sobre música. Hoy creo que también es una pregunta sobre arquitectura.

La música y la arquitectura siempre han formado parte de mi vida. A los ocho años supe que quería ser arquitecto porque me gustaba dibujar y asociaba el dibujo con la arquitectura. Con el tiempo ese gusto se convirtió en un camino que me llevó al dibujo técnico, al bachillerato en construcción y, finalmente, a la universidad, donde conocí la obra de Luis Barragán y entendí que un espacio también podía emocionar.
La música siguió acompañándome. Descubrí el rock en la secundaria y a los dieciséis años decidí aprender a tocar la guitarra. Años después, ya ejerciendo como arquitecto, escuché Coming Back to Life mientras trabajaba en un proyecto. La guitarra de David Gilmour me atrapó, pero también la emoción de aquella canción. Ese día decidí descubrir realmente a Pink Floyd.
Con el tiempo entendí que lo que más admiraba de la banda no era solo la guitarra. Era la forma en que construían sus discos. Nunca he podido escuchar The Dark Side of the Moon por canciones sueltas; siempre termino escuchando el álbum completo. Entonces comprendí que aquello que admiraba en Pink Floyd era lo mismo que años antes había aprendido a admirar en la arquitectura de Barragán: la construcción de una experiencia.
Esa idea me llevó a preguntarme por qué algunas obras permanecen mientras otras envejecen tan rápido. Quizá la diferencia sea que las tendencias buscan llamar la atención, mientras que las grandes obras parecen preocuparse por seguir teniendo sentido cuando esa atención desaparece.
Personalmente, cada vez me interesa más hablar de vigencia que de atemporalidad. Pienso que una obra permanece cuando fue concebida a partir de principios que nunca dejan de importar: la luz, la orientación, las proporciones y la manera de habitar.
En varios de mis proyectos la fachada es deliberadamente contenida. No porque quiera ocultar la arquitectura, sino porque prefiero que la casa se descubra desde el interior. Me interesa más el recorrido que el impacto inmediato.
Construir una casa es una de las decisiones económicas más importantes para una familia. Por eso intento preguntarme si un proyecto seguirá teniendo sentido dentro de treinta o cincuenta años. Cuando una casa conserva su vigencia, no solo envejece con dignidad; también protege mejor el patrimonio de quien decidió construirla.
CONCLUSIÓN.
Hace más de cincuenta años, Pink Floyd grabó The Dark Side of the Moon. No intentó hacer el disco más popular de ese año. Construyó una obra que sigue siendo escuchada porque nunca dependió de una tendencia para ser valiosa.
Me gusta pensar que la buena arquitectura también debería aspirar a eso. No a llamar la atención durante unos años, sino a seguir teniendo sentido cuando las tendencias ya hayan desaparecido.
Quizá la arquitectura atemporal no consista en hacer una casa que nunca pase de moda.
Quizá consista en hacer una casa que siga siendo valiosa cuando la moda ya pasó.
— Erick Becerril Villaseñor


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